“ Cuando, por mucho que lo inclines, ya no caiga más yogur líquido que beber, siempre quedará suficiente yogur para manchar el suelo cuando vayas a tirar el envase a la basura. ”
“ Cuando, por mucho que lo inclines, ya no caiga más yogur líquido que beber, siempre quedará suficiente yogur para manchar el suelo cuando vayas a tirar el envase a la basura. ”
Hoy, durante un descanso mañanero, he tenido la oportunidad de repasar la rumorología oficial acerca de los productos que el Sr. Jobs dejó preparados para ser lanzados por Apple en los próximos años.
Para ser sincero, que Apple lance un televisor, por un lado, me gusta. Sobre todo si tiene calidad parecida al Cinema Display que tengo delante de mis ojos, que lleva funcionando 8h al día desde 2005 y ni un pixel quemado tiene el tío, y los colores se ven de vicio. Por otro, espero que sea un poco más abierto que el Apple TV sin necesidad de hacerle jailbreaks ni nada por el estilo.
Lo que me ha hecho gracia es leer un artículo en Applesfera en el que comentan que el televisor de Apple podría reconocer gestos. Y es al leer esa noticia cuando me imagino cómo se comportan la mayor parte de los españoles delante de la televisión, y cuál sería la reacción del televisor de Apple ante las situaciones más comunes.
Porque, digamos que estás viendo el fútbol y tu mujer, que no valora un evento cultural de tanta importancia, se pone delante a recitar la lista de la compra o la de los Reyes Godos, da igual. Entonces tú, que estás a punto de perderte el gol de Cristiano Ronaldo o el concierto de lágrimas de Alves tirado por los suelos, te pones a menear la mano de derecha a izquierda, dando a entender a tu mujer que aparte su bonito trasero, que no ves. Entonces el Siri de turno, el ojo que todo lo ve, dice… ¡ah, que menea la mano de un lado a otro! Eso es que hay que cambiar de canal. Y entonces resulta que cuando consigues que la señora se aparte, has avanzado 30 canales más allá y no sabes ni dónde estás (y para colmo se escucha GOL en todo el vecindario).
Ante tamaño sacrilegio, lo único que se puede hacer es echarse las manos a la cabeza, pero entonces Siri dice… Tienes tres programas de accidentes disponibles, elige: Antena 3, Telecinco o La Sexta.
No te quiero ni contar cuando le hagas un corte de mangas al árbitro.
Ganas de verlo tengo ya.
El viernes pasado dio comienzo el triduo de celebración de mi cumpleaños, que es el lunes: una serie de celebraciones rituales que se suceden todos los años, por las cuales consigo:
Como lo prometido es deuda, y esto se lo he prometido a mi querido hermano R., aquí tenéis (más o menos) cómo se hace un delicioso cordero asado.
Para 8 personas se recomienda utilizar 2 ó 3 piernas de cordero, dependiendo del resto del menú y si se desea repartir tupperwares. Si se van a hacer paletillas, más jugosas que las piernas, al ser más pequeñas, habrá que poner alguna más.
El secreto de este cordero en su jugo (o cordero a la cerveza, si los cocineros beben mientras tanto), aparte del amor y el cariño con que se haga, es el ajoaceite que se le unta a la carne para darle ese sabor especial que hace que repita todos los años.
Antes de calentar el horno (o incluso un día antes), un bri-consejo:
Calibra tu horno. Esto que parece una tontería, es de vital importancia. Coge la bandeja donde vas a poner el cordero y métela en el horno con 2 vasos de agua (una bandeja que no sea de rejilla y con una cierta profundidad) a una altura que haga que la bandeja esté justo a la mitad. Comprueba que el agua de la bandeja queda repartida por toda la bandeja, y no solamente por una parte. Si no es así, es que la bandeja está torcida y el asado se puede estropear por falta de líquido. Ajusta los soportes de la bandeja de los laterales del horno hasta que el horno esté calibrado.
Ya podemos seguir con la receta:
Meteremos el cordero en el horno, en su bandeja, claro, a una altura media, con calor arriba y abajo, y a ser posible con ventilador (es decir, el icono ese de una hélice con una rayita encima y otra debajo), y añadiremos un vaso y medio de agua (de un vaso de tamaño normal) intentando que quede repartido por toda la bandeja.
Para empezar dejaremos que se haga durante 45 minutos.
Pasado ese tiempo, hay que dedicarle más cariño y atención si cabe, comprobando periódicamente:
El tema del asado es muy complejo, pues depende de cómo reparte el calor cada horno, el tamaño, etc.
Ea, ¡a practicar! Y ya me diréis cómo ha salido.
Robotic dinosaurs!
Hoy quisiera hablar de Cards, la nueva aplicación de Apple anunciada con iOS, exclusiva de iPhone, que tiene como objetivo hundir el negocio de souvenirs y postales vacacionales varias.
Reconozco que, si no escribo una postal, muchas veces es por la pereza de sacudirme la arena de playa de los deditos de los pies, meterme en un local abarrotado de flotadores de formas variopintas y toallas de a 5€ para elegir la única postal decente (y revenida por la pila de años que lleva en el expositor) de la que solamente queda una con todas las esquinas estropeadas. Y peor es si quiero enviar dos, porque entonces no tengo escapatoria y tengo que coger esa en la que sale un castillo rodeado por un idílico paisaje, cuando en realidad, años después de que se tomara la foto, se encuentra rodeado de apartamentos de ladrillo visto.
Con esta nueva aplicación, por el módico precio de 5€ (perdón, 4,99€) puedo enviar desde cualquier parte del mundo a cualquier otra parte del mismo mundo (este en el que vivimos, alguna limitación tenía que tener), una postal con la foto que me de la real gana, tomada con mi móvil, en papel impreso en mejor calidad que cualquier cutripostal marbellí, sin moverme de la piedra en la que me halle subido para tener cobertura de datos.
5€ es mucho dinero, dirán algunos. Ahora piensa lo que cuesta una postal en cualquier sitio turístico. Pongamos 1,5€ siendo inocentes. Luego vete a comprar sellos a un estanco. Si estas en ciudad y pilla cerca de casa, bien, pero si estás a 4km del estanco más cercano, métete en el coche y gasta tiempo y gasolina para comprar un sello. Y luego piensa si quieres o no meter la postal en un sobre para que no se estropee o para evitar que la familia de tu novia lea las cursiladas que le escribes. ¿A que ya no parece tan caro? Y si estás en Nueva York, a ver lo que cuesta el envío internacional. Aquí, por 4,99€, sin importar dónde estés, ni a dónde envíes la postal, llega por el mismo precio e incluye impuestos, sellos… Y no tienes que moverte del sitio.
Cuando me vaya de vacaciones la probaré, siempre que no me de pereza sacar el móvil del pantalón, claro.
Ya que estamos a vueltas con la privacidad y lo importante que es no descuidar qué información proporcionamos en Internet, es preciso que os alerte de la cantidad de información que se puede obtener de la basura tradicional que generamos en el hogar.
Hoy me he puesto a ordenar el típico montón de viejos recibos, tickets de compra y papelotes similares que he ido amontonando desde el año pasado por diversos motivos (pereza, principalmente, y prudencia después, por si había alguna garantía, por no tirarla). Al final sólo servían un par de recibos, pero terminé con un montón de papeles que mostraban diversos datos sobre mi.
Por ejemplo, mi nombre y apellidos estaba en muchos de los tickets porque es un dato que se encuentra grabado en la banda magnética de mi tarjeta de débito. Además, en los tickets suelen aparecer las últimas 4 cifras de la tarjeta. Diréis, todavía quedan 12 dígitos ocultos. Pues sabed que no todos los TPV de todos los comercios muestran las mismas cifras. De hecho, comparando los recibos domiciliados de diferentes servicios habituales en cualquier hogar, hay diferencias entre los números que se muestran de nuestra cuenta bancaria.
¿A dónde quiero ir a parar? A que si a eso le sumamos que tenemos que tirar el papel a un contenedor especial y que a esos contenedores se suelen asomar personas totalmente ajenas a los servicios públicos de limpieza y que se buscan la vida recogiendo papel (o buscando datos de personas), pueden adivinar qué compramos, qué tenemos en casa, cuáles son nuestras costumbres, nuestro poder adquisitivo…

Y aquí llegamos al problema. ¿Qué hago entonces con tanto papel? ¿Lo rompo? La verdad, te puedes aburrir si, como yo, te lo planteas en un primer momento. ¿Lo quemo? En casa, ni lo intentes, es peligroso. ¿Me compro una máquina de cortar documentos? Bueno, puedes hacerlo, pero ocupa espacio y cuesta dinero.
En este caso el agua es nuestro aliado. Mete los tickets en un barreño, echa un poco de agua y déjalo reposar. Al cabo de un buen rato, restriegas todo un poco, haces una pelota y ya está, a ver quién saca ahora datos de nuestros recibos.
Quizá no sea útil para quien es muy ordenado y no acumula muchos recibos, pero cuando al cabo de un año uno hace limpieza, es sorprendente la cantidad de papel que acaba en la basura. Así que, si no os sirve el truco, por lo menos tomad conciencia de que también tenéis que cuidar vuestros datos en la vida real.
¿Acaso no has oído nunca eso de que la información es poder? ¿No te dijo mamá que nunca hablases con extraños? Tras esta última cuestión me pregunto si no debería cambiar el título de la entrada por ¿Cuánto valoras tu vida?. Porque, dejémoslo claro, el amigo del amigo del primo del amigo del amigo de la chica esa que está tan buena y publica las fotos en Facebook y la has agregado como amiga pero no la conoces de nada, para mi, es un extraño. Y podría ser un psicópata, o un ladrón, o un pervertido, o el hombre de tu vida. Pero eso no lo sabes, así que, ¿por qué publicas en Facebook tu localización en cada momento, así como la dirección de tu domicilio? Deberían ser datos incompatibles para un mismo usuario (salvo que uno desee que le desplumen, le maten o le violen – oye, de todo hay).
Facebook tiene acceso a toda la información que publicas en tu perfil bajo la inocente apariencia de permitirte compartir con tus allegados (y la mayoría tiene a gente completamente desconocida en su perfil) información como esta:
Pero pensemos en Facebook como un medio, y no como un ente que pretende dominar el mundo. Casi más grave que eso es que para dar de comer una zanahoria que no existe a un caballo que no existe, permitimos a la aplicación en cuestión que acceda a todos nuestros datos personales. ¿Y sabéis dónde acaban esos datos? En una base de datos diferente de la de Facebook. ¿Y para qué quieren esos datos? Pues habrá quienes hagan estudios de mercado anónimos, pero otros ganarán dinero vendiendo tus datos con tu permiso, ese que diste expresamente para montarte una granja a la que no podrás ir cuando te jubiles.
Hace poco me llegó una invitación a través de un tercero en la que me instaba a participar en una encuesta sencillísima. Sólo tenía que responder a una pregunta de forma original para entrar en el sorteo de uno de los 10 packs de productos Old el Paso que sorteaban. Pero no sólo eso, sino que para contestar a esa pregunta tenía que registrarme en la web que publicaba la encuesta, dejando por tanto mis datos personales. O sea, mis datos a cambio de la posibilidad de que me toque un pack de fajitas y similares, para que luego no me toque nada y me frían a publicidad no deseada, con el consiguiente engorro de marcar como spam los correos de N orígenes diferentes, o buscar los enlaces para borrarme de sus listas de distribución.
Entiendo que las empresas deben buscarse las habichuelas, pues yo mismo trabajo en este tipo de cosas o para gente que hace este tipo de cosas, y me parece un medio lícito de encontrar clientes. A lo que voy es a que muchas veces no nos molestamos en marcar ciertas casillas o en pensar un poco a quién le estamos dando información importante. No digo que os leáis todos los avisos legales (ya os digo yo que lo único que dicen es que si haces mal uso o tu ordenador revienta, ellos no saben nada), pero si que echéis un vistazo rápido a las políticas de privacidad de las páginas en las que os deis de alta, pues puede haber casillas que marcar por las cuales las empresas responsables de los sitios web no puedan contactar con vosotros y si os puedan dar el servicio por el que os registrais, a cambio de nada. Así que mucho cuidado con los detalles que dais, pues nunca sabéis en manos de quién pueden acabar.
Y, por favor, dejad de perder el tiempo con la dichosa granja y a ver si sacamos adelante España.
Facebook, perdóname, creo que eres la mejor red social del mundo mundial, y por eso te ha tocado la china.
Esta mañana he amanecido leyendo los titulares de prensa de EL MUNDO. Si, no me preguntéis cómo lo he hecho, pero cuando me he despertado me he encontrado leyéndolos. Pero más sorprendente incluso que cómo me despierto es la noticia que quería comentar hoy. El titular reza así:
A punto de estrellar un avión por apretar el botón equivocado.
La noticia cuenta que el piloto de un Boeing 737 de una aerolínea japonesa se fue al baño a dar lo mejor de si mismo y, cuando volvió, el copiloto le dio al botón equivocado y, en lugar de abrir la puerta de la cabina para que entrase el piloto, lo que provocó fue que el avión se diese la vuelta y cayese 1.400m en 30 segundos.
Y claro, uno, cuando lee esa noticia, lo primero que se pregunta es: ¿Cómo será el careto del lumbreras que ha puesto un botón que sirve para dar la vuelta al avión y hacerlo caer a plomo, y encima que se parezca al botón de abrir la puerta?
Vamos, que soy yo y el botón lo hago de 10cm de diámetro, colorao y con una tapita de metacrilato con una placa que ponga:
Ojo, pulsar sólo si se quiere dar la vuelta al avión y hacerlo caer 1.400m en 30 segundos.
Espero que el botón de hacer derrapes no se confunda con el del climatizador.
Apostaría vuestro brazo derecho a que la causa más habitual de frustración en internautas que utilizan Internet como principal herramienta de búsqueda de información es dedicar más tiempo a buscar algo que lo que se tardará en utilizarlo, es decir, la rentabilidad del tiempo dedicado es, técnicamente, una caquita (no utilizaré ese adjetivo tan inmediato en el que todos estamos pensando).
Lo primero que hace un usuario es acudir a su buscador habitual, introducir las palabras clave de lo que está buscando, darle al botoncito de turno y rezar todo lo que sabe para ver si la información que busca está en la primera página de resultados o, con suerte, en la segunda. Desde el punto de vista de ese usuario, el buscador le proporciona resultados de entre todas las webs públicas del planeta.
Como para ponerse a encontrar algo.
Si el usuario encuentra en las primeras posiciones una página con información relativa a su búsqueda que además pertenece a lo que considera el origen más preciso de esa información (la página del autor de tal o cual afirmación, la web corporativa de la empresa en cuestión…), dicho usuario se tirará de cabeza a esa página web.
Si, por el contrario, la página supuestamente más fiable no aparece y en su lugar aparecen decenas de resultados de foros de discusión en los que el 50% de los resultados son malas críticas, el 35% problemas variados (los cuales, o no se han resuelto, o no tienen nada que ver), y el otro 15% simplemente es basura intergaláctica, el usuario comienza a exasperarse.
Supongamos que ha habido suerte y el usuario ha aterrizado en la página web supuestamente idonea. Si encuentra la respuesta a su problema existencial, bien, se encuentra ante una página bien diseñada, cuyos desarrolladores han prestado especial atención al contenido. Pero, ¿quién no ha entrado alguna vez en la web de una compañía buscando información concreta y le ha costado horrores encontrarla?
El usuario medio suele encontrarse con menús jerárquicos tan granularizados que el término que busca encajaría en dos, tres, o más categorías. En esos casos, lo más sensato (e ingenuo, para qué nos vamos a engañar) suele ser introducir la misma consulta que se introdujo en el buscador generalista (Google, Bing, Yahoo!), en el buscador de esa web y probar suerte.
Si el usuario no es el típico internauta escarmentado y ha probado suerte, pueden ocurrir tres cosas:
Muy fácil, necesitaba que os pusieseis en la piel de ese pobre internauta, que lo único que quería era conocer los distintos seguros de vida disponibles para su caso particular y que por poco acaba suicidándose y su mujer sin recibir un euro. Ahora podréis entender qué es helpck y por qué es una evolución gratificante respecto a los sistemas de búsqueda tradicionales.
helpck es un potente buscador que se integra fácilmente en cualquier sitio web o perfil de Facebook y que permitirá a tus clientes encontrar tus productos, servicios y soporte de forma dinámica e intuitiva.
Voy a desgranar la definición del producto, que he copiado tal cual de la web oficial, explicándola desde mi punto de vista:
Las principales ventajas que veo, y se me escapará alguna, son las siguientes:
Para más información: http://www.helpck.com
Quisiera terminar aclarando que esta publicación es en cierto modo interesada, puesto que helpck se está desarrollando en el seno de mi empresa, aunque yo no estoy implicado directamente en ese desarrollo y soy un mero espectador. Pero nunca viene mal una explicación poco o nada corporativa y con un cierto sentido del humor.
Si has leído hasta aquí, eres todo un valiente.
Como todo el mundo sabe, la salud es lo primero después de Don Dinero, principal culpable de que el 80% de la población del primer mundo terminemos sentados interminables horas delante de un ordenador, trabajando o no, incrementando la circunferencia de nuestra barriga. Si a eso le unimos que comer, dependiendo de quién cocine – mamá, no te ofendas -, es un placer, el cocktail es catastrófico.
El Proyecto Madelman nace de un análisis objetivo de circunstancias – premisas – que conducen, tras aplicar el método de inducción al absurdo, a dos conclusiones ciertamente motivadoras:
Voy a morir de un infarto, y más vale tarde que dentro de un rato.
Las premisas, por si intentáis seguir mis complejos desarrollos mentales, son las siguientes:
Con esas premisas, lo primero que uno piensa es:
A los dos minutos de saltar al campo me va a dar un infarto. Seguro.
De ahí la primera conclusión. Podemos afirmar, dado nuestro historial de gourmet de primera división, que esa afirmación es una verdad de fe. La segunda conclusión es consecuencia directa de la primera, unida la alegría de vivir propia de mi persona (y a que, si me muero, no podré probar los guisos de mi padre).
Por tanto, había que hacer algo.
Para no extenderme mucho, en seguir con la archiconocida y vilipendiada dieta Dukan (odiada por todos los dietistas que se van a quedar sin trabajo), fuente de proteínas buenas para el músculo, mientras combino mis esfuerzos alimentarios con un plan de entrenamiento de 10 semanas para comenzar a correr, publicado por la web Soy Maratonista.
Pero eso no es suficiente para darle, a algo que hace todo el mundo – dieta y deporte -, un nombre tan rimbombante. No, había que añadirle un punto de friquismo. Por tanto, he comenzado a apuntar en una hoja de cálculo, datos que hasta ahora desconocía que eran importantes:
Fecha y duración del entrenamiento, si lo hubo (hay días de descanso, si, si no hubiera sido el Proyecto Chuck Norris).
Pulsaciones medias y máximas durante el entrenamiento, que básicamente me indicará si mi cuerpo se adapta al esfuerzo o no.
Pulsaciones medias medias y pulsaciones máximas medias (tranquilos, no hago más medias), para tener un dato más con el que liarme.
Pulsaciones en reposo (que considero la media de la pulsaciones que tengo en reposo, tumbado – ~50bpm – y de pie – ~65bpm -).
Rangos de pulsaciones en los que debería estar al hacer ejercicio anaeróbico y que supero con creces dada mi constitución física y mi gran corazón (literal). Otra de las razones que afianza mi certeza de que moriré de un infarto.
Y todo ello con gráficas ad-hoc para darle a este plan una apariencia de profesionalidad. Para muestra, un botón:
De momento estoy inmerso en la cuarta semana del plan, cogiendo músculo en las piernas y variando mi peso entre 106Kg (y pico) y 107Kg (y pico) y ya noto que aguanto más.
Ya os contaré qué tal cuando llegue el momento de correr dos series de 10 minutos seguidos. Bueno, si me da un infarto a lo mejor no.