Tiempo estimado de lectura:

Al poco de casarse, Manolo me contó que su mujer y él tenían un libro de acuerdos.

  • ¿Y para qué sirve un libro de acuerdos? - le pregunté.
  • ¿Para qué? Muy fácil, para no discutir siempre sobre lo mismo. - Me contestó.

Cuando uno está recién casado todo es muy bonito, pero poco a poco empiezan los típicos roces de la convivencia, cosas que a uno le molestan del otro. Y es entonces cuando empiezan las discusiones.

Porque aunque el amor es paciente, no es egoísta, no se irrita, disculpa sin límites, aguanta sin límites, etc, etc, etc… tampoco hay que ser gilipollas, que el matrimonio es cosa de dos.

Y para que el amor exista y resista, todos tienen que estar más o menos contentos. Y eso se consigue llegando a acuerdos, encajando piezas, limando el carácter, cediendo y pidiendo cuerda al contrario.

¿Qué mejor forma de sellar un acuerdo que dejarlo por escrito y firmado con la fecha perfectamente consignada? De ese modo se acabaron las discusiones sobre temas ya zanjados. Ante el más mínimo asomo de discusión, acude al libro de acuerdos. No resistirá ni cinco minutos.

Ejemplo práctico: En casa se duerme con la persiana bajada del todo, que a Fulanita le molesta la luz, salvo en verano, que Menganito tiene mucho calor y se duerme con la ventana abierta.

De ese modo, en época de calor estival Fulanita se tapará como pueda, mientras que cuando haga frío Menganito se las apañará para no chocar con la cómoda de la habitación a oscuras.

A alguno le parecerá absurdo. A mi me lo parecía. Ahora ya no tanto.

Blog Logo

Carlos Escribano

Desarrollador Web desde hace 10 años. Me gusta resolver problemas de forma ingeniosa. Saber más.

Vida y milagros de un desarrollador web

carlosescribano.com

Volver al Inicio