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Por las mañanas no estoy yo muy avispado, la verdad. Mientras me dirigía al trabajo he pasado por la Avenida de Asturias en dirección a la Plaza de Castilla (todo esto en Madrid, Spain). Eran aproximadamente las 9:05.

En cuanto el semáforo que siempre está rojo cuando vienes de Sinesio Delgado se pone en verde, acelero mi moto para ver si cojo velocidad suficiente para subir la cuesta. Total, que me pongo en unos nada desdeñables 70Km/h de marcador en una vía limitada a 50Km/h, cuesta arriba. Eso serán 64Km/h reales de marcador que, si quitamos que los radares hacen un ajuste, puede que sean 62Km/h. Bueno, que iba pasado.

El caso es que cuando voy llegando a la mitad de la calle paso al lado de una furgoneta de los Guardias de (in)Movilidad y veo que hay dos agentes como echados encima de un aparato sujeto en un trípode.

¡Mierda, mierda y más mierda! - pienso.

Espero que estuviesen poniéndolo en ese momento o calibrándolo o no funcionase o… Pero bueno, para la próxima ya me lo sé.

Afán recaudatorio vs. seguridad real

Y es ahora cuando llegamos al tema. ¿Qué es más importante, recaudar una multa y que el multado se estrelle a los quinientos metros de ser cazado o que el infractor se de cuenta de que va demasiado rápido y adecue su velocidad a los límites de la vía?

Si los radares móviles se convirtiesen en radares fijos y solamente se pusiesen en tramos peligrosos y estuviesen perfectamente indicados, se reduciría drásticamente el número de accidentes mortales.

Porque no se puede achacar en una recta limitada a 120Km/h y a priori sin peligros en su trazado, que el accidente de un tipo que circulaba a 150Km/h y pisó con las ruedas una mancha de aceite se debiese a un exceso de velocidad. La torta, a 120 y a 150 en ese caso es la misma y la culpa, si acaso, será del que no mantiene su vehículo en buen estado y pierde aceite y del responsable del mantenimiento de la vía.

Lo mismo se puede decir del que va a 125Km/h por la izquierda y el típico dueño de automóvil de lujo que cree que el coche se conduce invade el carril izquierdo sin intermitente y sin mirar por el retrovisor. El primer conductor iba con exceso de velocidad, pero suya no fue la culpa.

Los límites de velocidad son necesarios en determinadas vías, pero al final debería imperar el sentido común más que la propia restricción. No es lo mismo ir rápido sin saltarse ni un semáforo ni ceda el paso ni stop, poniendo intermitentes para indicar las maniobras y respetando al resto de conductores, que saltarse hasta las mínimas normas de educación en la carretera. Al igual que no son ni parecidas las capacidades de conductores noveles y conductores experimentados, o conductores jóvenes y conductores ancianos. Como decía el profesor de autoescuela de mi señora madre: Cada uno según sus luces.

Conclusión práctica

Hay un radar móvil en la Avenida de Asturias, en Madrid, Spain.

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Carlos Escribano

Desarrollador Web desde hace 10 años. Me gusta resolver problemas de forma ingeniosa. Saber más.

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